Una prima que me gusta.
Si tan sólo Hafid se levantara y mientras él esté en el baño, ella podía sacar la sábana manchada, pero tendría qué estar allí vigilando como buitre a que despertara.
Como si hubiera hecho una plegaria él se movió y de inmediato ella se colocó de manera estratégica para que no notara la mancha, además de rogar para que no recordara lo acontecido.
Él abrió los ojos y ella trató de aparentar absoluta naturalidad.
— Buenos días— dijo.
Se incorporó hasta la mitad de su cuerpo, que se mostraba co