— ¡No soy tu prima, ¿me oíste? — exclamó Déborah.
— ¡Eso lo sé, pero al ser familia de mi esposo, pasas a serlo, pero ahora entiendo porqué deseas meterte bajo sus sábanas! — dijo Sylvia— no respetas sangre familiar.
—¡Tú nunca serás familia mía!— dijo la prima— ¡Solo eres una arribista!
— ¡Me parece, que la que está desubicada eres tu querida, la arribista acá eres tú,— dijo Sylvia— yo soy la dueña de esta casa, porque soy la esposa de Hafid Aziz, hablaré con él para que lo oigas de su boc