—Muchas gracias por todo señor Lombardi, no sabe cuánto significa lo que está haciendo por mí en este momento —me despido de él con un pequeño apretón de manos y bajo de su camioneta.
Subo las escaleras de la mansión y me dirijo a mi habitación, ya es muy tarde y me encuentro bastante cansada por el viaje, el cual, si bien me ha servido para conocer ciertos detalles de lo sucedido, también hace que el dolor invada mi cuerpo al recordar todo lo que hemos sufrido mis hijos y yo con la pérdida de