Tomo a Yelizaveta del brazo y la pongo detrás de mi espalda. Es posible que salga herida si comenzamos a discutir y ante todo no necesito que ella me proteja, cuando yo soy más que apto para protegernos a ambos. Saco mi arma y también apunto a los hombres del señor Belucci.
—No me parece que sea correcto que discutamos en nuestro primer encuentro, suegro. Creo que deberíamos de mantener una relación cordial, después de todo puede que antes de lo que se imagine seamos familia —comento con un rast