—Buenas tardes, Alexandre —responde con una pequeña sonrisa, pero me doy cuenta de que esta no llega hasta esos ojos que tanto se parecen a los de Liza—. Melike, puedes traernos algo de beber, por favor.
—Sí, señora.
—No me lo tome a mal, pero he venido a buscar a mi novia, señora Belucci —le comento, buscando con la mirada por si veo a Liza.
—Seamos sinceros, Alexandre, sé que mi hija y tú no son novios. No es necesario que me mientas —responde con tranquilidad, de inmediato me tenso un poco, p