«¡Maldita sea! Renzo nunca pierde oportunidad en estar cerca de mi mujer», pienso con molestia.
Poco a poco comienzo a perder los estribos y justo cuando estoy por acercarme a ellos, Renzo se despide de ella, dándole un beso en la mejilla para después girar sobre sus talones y perderse de vista. Mientras tanto Lilibeth se dirige a los sanitarios, por lo que sin perder tiempo voy detrás de ella hasta alcanzar a Franco y ordenarle que permanezca cerca de la barra.
Cuando entro al baño, me encuentr