Katherine cruzó los brazos y miró a Kisa con una sonrisa de burla, disfrutando de su desesperación.
—Búscalo por ti misma —articuló con desdén—. Tú eres su esposa, ¿no? No me preguntes algo que tú deberías saber mejor que nadie.
Kisa apretó los dientes con frustración y dio un paso adelante, mirándola con intensidad.
—Deja de jugar, Katherine —recriminó—. Deja de hacer tantos enredos y dime de una vez dónde tienes a Royal.
Antes de que Katherine pudiera responder, una vocecita infantil entró en