El reloj marcaba las tres de la tarde cuando Katherine cruzó las puertas de cristal de la empresa de Royal. Sus tacones impactaban firmemente contra el suelo de mármol, atrayendo algunas miradas curiosas de los empleados que pasaban por el vestíbulo. Su porte era sublime, pero sus ojos delataban una seguridad peligrosa. No estaba ahí para una visita casual ni para tratar asuntos laborales. Katherine estaba decidida a hablar con Royal, y no aceptaría un "no" como respuesta.
Subió en el ascensor