Los golpes a mi puerta suenan más rápido de lo que pude imaginar. Apenas pude sentarme en la cama a jugar con la sortija de compromiso y pensar en cómo sería mi matrimonio con Damián si mi familia seguía oponiéndose.
—Hija, déjame entrar hablemos — dice mi padre.
—Te dejaré entrar y hablaremos cuando le des una oportunidad real a Damián para conocerlo. No poniéndole trampas y siendo así de pasivo/agresivo — respondo.
—¿Cuándo es que fui pasivo/agresivo? De una vez fui agresivo, y lo admito.
No