El silencio que siguió a la pregunta de Alessandro fue tan denso que el siseo del agua climatizada pareció ensordecedor. Alan bajó los brazos de golpe, dando un paso hacia atrás con el rostro completamente pálido, mientras Bianca intentaba regular su respiración, obligándose a recuperar su habitual máscara de indiferencia.
Alessandro avanzó dos pasos hacia el interior de la piscina, con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón de vestir oscuro. La realidad era que no había visto el b