La noche de la fiesta de compromiso no era simplemente un evento social; para la mansión Riva, era un ejercicio de control absoluto. Carmen Riva se movía por los pasillos como un general en vísperas de una batalla decisiva, asegurándose de que cada detalle estuviera perfectamente alineado con la imagen de perfección que exigía el apellido. Sin embargo, su mayor preocupación no era el menú ni la lista de invitados, sino Bianca.
Tres horas antes del inicio de la gala, cuando Bianca intentaba dir