El hotel boutique, un santuario de hormigón pulido, madera de cedro y cristal, se alzaba como una fortaleza minimalista en medio de la espesura del bosque privado a las afueras de la ciudad. Allí, donde el aire olía a pino, a tierra mojada y a una libertad embriagadora, no existía el holding Riva, ni la tiranía de los informes trimestrales, ni las exigencias gélidas de Alessandro. Al cruzar el umbral de la suite, la barrera que ambos habían elegido con tanto esmero entre "Emma la ejecutiva" y