Capítulo 119

Las palabras de Alan quedaron suspendidas en el aire viciado del cubículo de urgencias, flotando como un imponente salvavidas de oro en medio de un mar embravecido y oscuro. Por un instante, solo un efímero, abrumador y tentador instante, Bianca se sintió flaquear por completo. La propuesta del secretario era la salida perfecta, una puerta de escape de emergencia a la pesadilla en la que se había convertido su existencia: significaba el fin inmediato de las noches en vela con el estómago revue
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