Capítulo 103

La luz de la mañana se filtró de manera despiadada por los amplios ventanales de la mansión, iluminando con una claridad obscena las ruinas de la noche anterior. Los rayos del sol hacían brillar los miles de fragmentos de cristal que aún decoraban la alfombra, mudos testigos de un colapso absoluto. Alessandro permanecía sentado en un sillón individual de cuero oscuro en la biblioteca, envuelto en una penumbra artificial que él mismo había provocado al cerrar parcialmente las pesadas cortinas.

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