Las manos de Damino la rodearon con una suavidad y delicadeza descomunal. Sus labios, puertas del aliento, sellaron el anhelo que habitaba en ambas almas con un beso; uno que no parecía tener otra procedencia que no fuera el corazón.
Lyra cerro los ojos, entregándose totalmente al manojo de emociones que parecian estar anidando debajo de su ombligo, aumentando la intensidad con la que sentía todo… con la que deseaba todo.
—Damino—susurro ella contra sus labios. No en un pedido para detenerse, s