Aegan:
Si existía algo que el príncipe dorado deseara con tanta intensidad en algún momento de existencia, era asesinar a su estupido hermano en ese preciso instante. El no tenia la culpa de haber estado tan cegado como para negarse a ver la verdad, pero de igual modo, lo odiaba por no haber sido capaz de notarlo.
Damino estaba mas pálido de lo normal, un colo tan semejante a la muerte que lograba aterrar a cualquiera. Menos a el, cuyo corazón clamaba arrancar el de Damino.
Sin embargo, Aegan i