“¿Él? ¿será él?” pensó Akira mientras se acercaba a la puerta.
Se detuvo frente a la puerta, cerró los ojos y respiró hondo. Su mano giró lentamente la manilla.
Abrió y sonrió con frustración al ver que se trataba de Hana.
—¿Lo esperabas a él? —preguntó con una media sonrisa.
Akira negó.
—No.
Aunque había una parte de ella que se negaba a reconocerlo, esperaba que fuera él.
—Hay uno de los invitados interesados en conocerte. —dijo con voz suave—. ¿Vamos?
—Sí, claro. —
La geisha en