“Tú, mi danna.”
Aquella frase se repitió una y otra vez como un eco en su cabeza.
El CEO permaneció inmóvil. La observó en silencio, atónito, sin saber que responder a aquella hermosa geisha.
Aquellos ojos oscuros no reflejaban vergüenza, ni timidez, ni siquiera arrepentimiento. Sólo mostraban una sinceridad desarmante. Akira realmente lo había dicho en serio y eso... lo tomó completamente por sorpresa.
Ella en cambio, esperó una respuesta. Alguna señal, algo que le dijera lo que él, su