Ryan la contempló, la miró a los ojos.
—Ahora es mi turno —mencionó, la tomó por las caderas y dio vuelta con ella, Vanessa quedó boca arriba sobre el lecho, y él aprovechó que tenía a mano la corbata que minutos antes iba a usar y le amarró las manos.
—Vaya, parece que te gusta jugar a las cincuenta sombras —bromeó divertida.
Ryan se inclinó sobre ella, la miró con atención.
—Yo puedo ser mucho mejor —aseguró con orgullo.
—Bueno a mí esas cosas del sadomasoquismo no me agradan —explicó co