Ryan llegó en horas de la tarde de nuevo al hospital. Ingresó sin tocar a la puerta a la alcoba de su abuela.
—Muy bien tú ganas abuela —expuso, mintiendo. La miró con seriedad—, pero tengo condiciones.
Rose esbozó una amplia sonrisa.
—Viste que yo siempre gano. —Irguió la barbilla con orgullo. —¿Qué condiciones?
Ryan se rascó la nuca y empezó a caminar por la alcoba.
—Quiero saber ¿por qué odias tanto a Vanessa?
—Es muy simple, me recuerda a la mustia de tu madre —resopló—, siempre haciénd