Al día siguiente:
—Necesito ver al fiscal —expresó con voz firme la joven abogada de Ryan, había llegado desde temprano a la fiscalía.
—Está ocupado —contestó con hostilidad la asistente.
María Joaquina la miró con seriedad.
—Pues espero, y no me moveré de aquí hasta hablar con él —enfatizó.
—Haga lo que le dé la gana —contestó la muchacha.
Majo no le prestó atención, giró y caminó en dirección a las sillas de la sala de espera, pero cuando notó que la asistente no la miraba, corrió por e