No supo a ciencia cierta cuánto durmió, se despertó de sobresalto al sentir una respiración en su cuello y un brazo aferrado a su cintura.
—¡Oh, Dios mío! —exclamó—. ¡Daniel! —murmuró con el corazón latiendo a mil por hora.
—Kat, regresa —suplicó él—. Aún hay tiempo, la reservación para cenar es más tarde. —La haló llevándola de nuevo a su lado—. No quise despertarte, y no pude evitar recostarme a tu lado… Ahora quedémonos así un rato. ¿Sí?
—Pero… si llegamos tarde perdemos la reservación —argu