Cuando subió al coche, marcó el número de Katherine, como de costumbre le enviaba a buzón, había decidido desaparecer. Apretó el volante con fuerza y echó la cabeza hacia atrás, se encontraba desesperado y, ahora, dolido por su ausencia. Sus días eran grises y los recuerdos de los momentos felices que vivieron juntos ardían y dolían en todas partes. La necesitaba, vivía en el infierno y no encontraba cómo salir de allí sin ella.
Cada noche despertaba con las peores pesadillas, algunas veces pod