Daniel miró el cigarrillo y le dio otra calada, sentía que faltaba a la promesa. No obstante, necesitaba calmar la ansiedad. Necesitaba callar las voces en su cabeza y tras recordar aquella escena, volvió a sentirse culpable, porque el deseo no había desaparecido.
—Prometiste que no fumarías más. —Aquella voz demandante y acusadora a la vez, lo hizo sobresaltarse. Por un momento pensó que estaba en su cabeza.
«Así de grave se encontraba, a veces la alucinaba».
—No, no te has vuelto loco aún —