Katherine no estaba nerviosa cuando llegaron a la casa de su suegro. Hasta la palabra «suegro» le causaba risas. Daniel no pudo oponerse aun con todos los problemas en la hacienda, su padre no entendería que él no supiera lidiar con la presión, aunque contase con eso para manejar la herencia de su hijo a su antojo.
Bajaron del auto y él la tomó de la mano, negando con la cabeza al observar renuente la imponente casa de su padre. Tal vez se debiera a los recuerdos vividos allí, o al simple hecho