La gran fiesta de la tía Amelia no podía estar más animada, invitados iban y venían, la pista de baile estaba a reventar, nuestra querida generala se veía radiante, su hospitalidad tenía encantados a todos los asistentes a la celebración que me había dicho sería algo pequeño e improvisado, y para nada resultó ser de esa forma. –Menos mal que sería una fiesta improvisada, tía, imagínate si lo hubieses planeado – le dije entre risas mientras bailábamos. – Es bueno que me vayas conociendo jovencit