13° Traición.
El rey se acostó a su lado en la cama después de que sus respiraciones se acompasaron, y cuando Rahyra tomó la sabana para cubrirse se sintió extraña, un poco más liberada, como si se hubiera quitado un manto espeso que le impedía moverse bien.
Maxwell sopló la única vela que iluminaba la estancia y todo quedó en las tinieblas, pero bajo la sábana Rahyra aún podía sentir el calor de la piel del rey y tuvo el irremediable impulso de acariciarlo nuevamente, pero se contuvo.
—¿Ya estoy embarazada?