Capítulo 50 —El expediente
No hablaron de Inés en el coche.
Vera no porque todavía tenía la frase de Larrea clavada en el pecho como una aguja fina. Mauro no porque conocía demasiado bien esa expresión en ella: la calma tensa de alguien que no había olvidado nada, solo había decidido no romperse en el lugar equivocado.
La fundación quedó atrás, con su fachada clara, sus ventanas limpias y esa verdad incómoda latiendo detrás de todo lo que habían visto. Niños que comían. Maestras que enseñaban. V