Capítulo 38 —Todo o nada
Cuando llegaron a la casa, Vera seguía dormida contra el pecho de Mauro.
La camioneta se detuvo con suavidad frente a la entrada principal, pero ella apenas se movió. Tenía una mano apoyada sobre el abdomen de él, la mejilla contra su camisa y el cuerpo acurrucado con una confianza que, despierta, probablemente habría negado con una lista bastante creativa de insultos.
Mauro bajó la vista hacia ella.
Durante unos segundos no hizo nada. Solo la observó respirar. La noche