Me sentía completamente fuera de lugar, vivir con Oliver era como estar con un compañero de cuarto muy dictatorial. Era evidente que me hacía sentir a cada momento que esta era su casa, y que yo de alguna manera estaba importunando, como si hubiese recogido un perrito de la calle que le molesta.
No era que yo esperara alguna especie de amabilidad de su parte, pero creía que si vamos a vivir juntos, por sabrá Dios cuánto tiempo, deberíamos al menos intentar llevarnos bien. Pero a él solo le impo