Lyra cerró los ojos con fuerza, mientras sentía como su corazón se contraia más y más en el centro de su pecho, conforme el sonido de los latigazos resonaban en el eco de las paredes del castillo.
Cada vez que el cuero hacía contacto con la piel expuesta de Rhen, más sangre salpicaba y manchaba el suelo de mármol, mientras las lágrimas se deslizaban por las mejillas de Lyra. La sangre de su hermano había logrado llenar todo a su alrededor, llegando incluso a salpicar las botas de Rhaegal.
El ro