Gwen abrió los ojos, sintiendo como la luz del sol de media mañana la cegaba y aturdida, durante algunos segundos no comprendió muy bien donde estaba, hasta que finalmente una voz lejana la trajo de regreso al presente, en compañía de los recuerdos de la noche anterior.
—Buenos días, Gwen—saludo con emoción Rhen al otro lado del cuarto, con el cabello dorado mojado y solo unos ceñidos pantalones aferrados a sus caderas. Su firme abdomen estaba al descubierto, aun cubierto por pequeñas gotas.
El