Un suave y gentil tintineo arrancó a Lyra de su soroso dolor, haciendo que levantara su cabellera dorada y buscará con la mirada por el cuarto, divisando el punto de donde provenía el sonido. Era en la ventana de su cuarto.
Con pasos tranquilos y casi levitando, Lyra llegó al umbral de la ventana, donde se encontró con una hermosa ave de plumas negras y penetrante mirada púrpura.
El ave tocaba con la punta de su pico oscuro el cristal, como si pidiera permiso para entrar.
Convencida de que al a