Bianca fruncio el ceño, mientras observaba el estrecho espacio en el que se suponía que debia introducir su cuerpo.
A su lado, con paciencia, Simon la observaba, mientras le sonreía de manera ligera.
—Entiendo la intención, y te lo agradezco… pero ni en mi peor pesadilla entraría allí—dijo Bianca con una incipiente sonrisa en su dirección.
El chico de cabello tintado roto la mirada, mientras negaba. No iba a ponerse a discutir con ella, tampoco lucharía para que ella ingresara al sauna húmedo.