—¿Quién demonios te crees que eres para hablarme asi?—siseo con rabia y cierto matiz de asco e ira el hombre ante ella, enseñando los dientes como si fuera un animal salvaje.
Bianca se sintió pequeña, chiquita ante aquel monstruo rabioso y loco, que parecía tan bestia como las criaturas que se ocultaban entre las alcantarillas del drenaje.
De haber estado sola, la bella prostituta se habría marchado, o intentado buscar ayuda con algún seguridad desastroso que no estuviera bajo los efectos de d