—Bianca—susurro Alexander, mientras dejaba la rosa a un lado y la rodeaba con los brazos de manera instintiva, atrayéndola hacia su pecho.
Aquello era una especie de consuelo. Como si el millonario fuera capaz de protegerla con su propio cuerpo del mundo que los rodeaba. Como si acaso eso fuera suficiente. Una especie de escudo humano creado con su propio cuerpo.
Un refugio seguro para ella.
Pero no fue suficiente. El daño ya estaba hecho, y no fue Alexander el responsable de todo ese dolor. Au