—¡Alec, Bianca! —grito Simón al otro lado del cuarto.
Al oír aquellas palabras, ambos parpadearon, saliendo de aquel extraño estado de transe en el que se encontraban.
—¡Estamos encerrados en el baño! —respondió Alexander, mientras Bianca se apartaba de él rápidamente.
Un par de segundos más tarde, Simón abrió la puerta del cuarto de baño, con una sonrisa lupina surcando sus labios.
—Bueno… ¿Qué tenemos aquí? —ronroneo el hombre de cabello tintado observándolos a ambos durante algunos segundos,