La pequeña Marypaz llegó dormida a la hacienda. Juan Andrés la observó con ternura, la sacó con delicadeza del auto, la cargó, sintió una sensación agradable cuando la bebé recargó su cabeza en su pecho, él inhaló el dulce aroma de ella, y suspiró profundo guardando en su mente y en su corazón la fragancia tan sutil de su hija.
—Eres tan linda, un ángel —susurró.
Enseguida entró a su antigua casa, sus padres se hallaban en el salón. María Paz sacudió su cabeza al verlo entrar con una niña en