La penumbra envolvía la ciudad y Juan Miguel llegó de su viaje, Lu lo sabía y por eso se envolvió en las sábanas y fingió estar dormida.
A Miguel se le hizo extraño que ella no bajara a recibirlo, todo estaba oscuro.
—Lu, amor, ya llegué —gritó desde las escaleras, pero no obtuvo respuesta. Entró a la alcoba, y encendió la luz, frunció el ceño, ella estaba dormida. Se aproximó con delicadeza, le delineó el rostro con la yema de sus dedos.
—Despierta dormilona —murmuró.
Lu deseaba no hac