Un par de días pasaron luego de que Juan Andrés y Paula volvieron de Santa Marta, y su salud cada día empeoraba, él sabía que el tiempo se iba agotando, pero se negaba a aceptar la realidad.
—¿A dónde me llevas? —cuestionó Paula, agarrando con fuerza la mano de Juan Andrés, ya que no podía ver nada porque tenía una venda en los ojos.
—No seas impaciente, es una sorpresa —comunicó Andrés, entonces la ayudó a llegar al sitio indicado, y le retiró el pañuelo.
Paula parpadeó, arrugó el ceño.
—¿