Roger había pasado la mañana ocupado haciendo su traslado de oficina.
Parecía un niño pequeño al que le acababan de regalar un juguete nuevo.
Sabía que su esposa tenía en mente devolverle las acciones y regresar a trabajar en la empresa de su padre, pero él esperaba convencerla de que se quedara.
Había vuelto a trasladar todo a la oficina que ella ocupó y colocó de nuevo en la puerta la placa con sus nombres.
Pronto tendrían que organizar el nuevo desfile y quería que Elizabeth estuviera con él