Roger fingió que se marchaba, condujo un par de calles y en cuanto tuvo la oportunidad regresó.
Aparcó a una cierta distancia y se quedó vigilándola para asegurarse de que tomaba ese taxi o que alguien venía por ella.
Pasaron quince minutos cuando vio aparecer el coche de su suegro y de él salió Bastian, el amante que según decía su esposa resultaba que solo era un amigo.
Apenas lo vio, su esposa se echó a sus brazos y esa pulga salida del infierno la abrazó y la metió en el interior del coche.