Elizabeth ni siquiera se acordaba que ese día llegaba Bastian porque se había acostado con mucha hambre y de malhumor. Y todo se debía a que la noche anterior los ocupas de sus padres y de su suegro se adueñaron de su apartamento, de su sofá, de su televisión y de su comida.
La despertó la llamada de su mejor amigo que estaba histérico porque había llegado al aeropuerto y ella no estaba allí para recibirlo.
Con toda la rapidez que pudo se arregló y salió para el aeropuerto.
Cuando llegó, apenas