— ¡Buen día!. — Vocifere desde el descansillo de la escalera, sosteniéndome del barandal para que no se notarán mis nervios.
Todos detuvieron sus gritos e inmediatamente voltearon para verme, bajé las escaleras lentamente, con gracia, como toda una dama, manteniendo una postura formal.
Nadie dijo nada, todos se quedaron mirándome bajar, excepto por el pequeño que seguía llorando. Llegué hasta la puerta y me detuve frente a la mujer.
— Mucho gusto, mi nombre es Mayra.
Extendí mi mano hacia la mu