Las fantasías de un hombre común hechas realidad.
Marcus subió a su auto a Liliana, pero poco después en el asiento del copiloto Héctor se sentó.
—Vamos a mi departamento.
Marcus frunció el ceño y lo miro algo extrañado, pero al notar que ambos estaban ebrios y el cómo estaba Oliver, decidió hacer caso.
Al llegar al departamento, se dio cuenta de que el olor de Liliana seguía ahí, aunque era un poco diferente a como era antes. Pero...
—¿No se suponía que ustedes vivían en una casa?
Héctor solo suspiro y entro a su habitación con Liliana.
—