—No te atrevas.
Dijo Héctor al percibir sus intenciones. Se acercó y la tomó del brazo, sin esperar una respuesta o lo que sea, la arrastró de nuevo al restaurante en el que se encontraba el pianista.
Ya sentados en la mesa, Héctor la miro fijamente un tiempo.
—Tú también volviste ¿Verdad?
Bianca, algo incomoda, desvió la mirada.
—Aaalgo, así...
Héctor frunció el ceño y entrecerró los ojos.
—¿Quién eres?
Bianca literalmente se mordió la lengua debido a que estuvo a nada de hablar impulsi