—¡Sebastián!—estaba sorprendida, emocionada, luego angustiada al ver mi estado—. ¿Qué te hicieron?
Era una locura, pero la adrenalina seguía golpeando en mis venas, todo ese poder llevándome al límite. Solo podía pensar en que estábamos en peligro… y me encontraba con esta escena. Tatiana se veía ta