Todo ocurrió tan rápido como en una película. El oficial empujó a Luka sobre el capó y lo esposó, siempre advirtiéndole a Alessa que no se acercara.
"¡Arrésteme a mí también, yo soy su cómplice!", quería gritar ella. "¡Yo lo incité a hacer el mal!".
Se quedó callada. Estando libre podía ser de mayor utilidad.
—Alessa... ¿Me vas a esperar? —preguntó Luka mientras lo metían a la patrulla.
—¡Claro que sí, Luka! ¡Todo lo que aguante!
El auto partió, con las sirenas ululando en la carretera. Ella pa