A mediodía el sonido del timbre hizo a Alessa estremecer. Se quitó el mandil, guardó algo en su bolsillo y abrió la puerta. Ahí estaba Luka.
La tercera recomendación de Teo había sido que cerrara bien puertas y ventanas.
Lo invitó a sentarse en un banco de la entrada. La visión desoladora del jardín feo contribuyó a la pesadumbre que había en los ojos de Luka. El cielo se había nublado.
—Te escucho.
—Las acusaciones de Rebecca no son ciertas. Ella lo inventó todo.
—¿Y su auto destrozado? ¿Y los