En cuanto se despertaron por la mañana Luka le devolvió su teléfono a Alessa. Tenía más de treinta llamadas perdidas, entre su familia, Filippo y la encargada de la tienda de vestidos de novia.
Llamó a su madre.
—¡Gracias al cielo, hija! Pensé lo peor. Con tu hermana fuimos a la policía. ¿Dónde estás? ¿Qué pasó?
—Estoy bien, lamento mucho haberlas preocupado. Necesitaba tiempo para pensar, sólo eso.
—Florencia pensó que pudiste tener una recaída o haberte arrepentido de casarte con Filippo, pero